Tuesday, January 18, 2011

Práctica como contrapunto (1)

Seis grandes estatalistas nabarros

Aitzol Altuna Enzunza. Donostia, Nabarra



El gran historiador artajonés Jimeno Jurio (1927-2002) en Irujo Etxea Elkartea de Estella decía: “Un pueblo sin memoria histórica, sin información, sin conocer sus propios valores, su identidad, es campo muy apto para una colonización. ¿Esto sigue vigente en la Navarra actual? ¡Claro! Para mí es una verdad, una realidad: el pueblo que desconoce su pasado, los rasgos fundamentales de su personalidad, es una marioneta que cualquiera puede manejar a su antojo” Anuario Irujo Etxea Elkartea 2001.


Nuestro segundo gran estatalista nabarro es precisamente el abogado Manuel de Irujo (Estella 1891-Pamplona 1981), el cual estudió en el colegio de jesuitas de Orduña como Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco. El padre de Manuel, Daniel Irujo Urra, también abogado, ejerció la defensa y logró la libertad de Sabino Arana Goiri, encarcelado por felicitar al presidente estadounidense por la libertad de Cuba en 1898, isla donde los españoles mantenían 300.000 hombres y mujeres negros como esclavos. Manuel de Irujo, siendo un militante destacado del Partido nacionalista vasco (Pnv) fundado por el propio Sabino Arana, en un mitin en 1934 en Tolosa (Gipuzkoa) dijo: “Hoy, sólo hay un camino para conseguir la soberanía de la gran Euzkadi: ¡Nabarra!”. Irujo escribía “Nabarra” con “b” al hacer referencia al Estado baskón, como antes hicieron otros grandes historiadores.

En 1940 en Londres, en plena Segunda Guerra Mundial, el Consejo Nacional Vasco presidido precisamente por Manuel de Irujo, redactó un anteproyecto de Constitución, Arantzazu Amezaga en Noticias de Navarra en enero del 2011 comentaba al respecto:
Escribió [Manuel de Irujo] la Constitución basado en las condiciones que una vez nos hicieron Reino de Navarra. Recurre al Fuero para la conciliación social y política, más adelantada, en su momento, que la Carta Magna inglesa, a quien muchos consideran un avance de las actuales libertades políticas europeas. Encuentra leyes concordantes a la dignidad humana. La frase que los Reyes de Navarra escuchaban el día de su coronación debiera ser escuchada hoy por algunos de nuestros representantes: Nos, que cada uno vale tanto como tú, y todos más que tú…”

La misma Aranzazu comentaba en diciembre en el periódico DEIA en otro artículo: “Este… fuero… confirmo a vos… habitantes de Estella… como a vuestra posteridad… que lo mantengan sano, digno, libre y franco por los siglos de los siglos…, encomienda el Fuero otorgado a Estella, la Lizarra vascónica, por el rey de Navarra, Sancho el Sabio, en 1164. Contiene derechos tales como apelación ante los jueces, garantía de juicio, votar o ser elegido a las magistraturas de la ciudad, autonomía de credos, no contempla la pena de muerte y registra derechos de igualdad a la mujer. Anterior en 600 años a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en Francia [durante la Revolución Francesa de 1789], apura esos conceptos más que la Carta Magna inglesa, sancionada por el rey Juan en 1215, y señalada como antecedente de los modernos logros políticos. Los derechos individuales y colectivos se establecen desde esos documentos fundamentales en la Europa Occidental”.

El tercer gran estatalista nabarro que vamos a mencionar es el bizkaino Federico Krutwig (Getxo 1921-Bilbao 1998), el cual firmaba como Fernando Sarrailh de Ihartza en 1979 su libro “Vasconia”, donde decía sobre Irujo: “Todo buen vizcaíno, guipuzcoano, riojano, etc., que se diga nacionalista debería sentirse navarro y desear la restauración de este Estado, en forma de República Vasca, tal y como promulgaba Irujo durante el exilio en Londres”.

Krutwig e Irujo delimitaron la territorialidad de nuestro Estado, el primero en el libro mencionado y el segundo en esta Constitución nacional de 1940 en su artículo 5º donde declara como unidad territorial del Estado vasco el del reino histórico de Nabarra: "(…) Sus límites son: al Norte los Pirineos y el Golfo de Vizcaya; al Este el río Gallego; al Sur el Ebro hasta Gallur y la divisoria de las aguas entre las cuencas del Ebro y Duero a partir de Moncayo en toda la extensión de ambas vertientes; y al oeste el Cabo de Ajo (Peña Cantabria)".

Una Constitución sólo es sostenible por un Estado, por eso la Constitución de Londres de 1940 en su Artículo 1 decía: "Euzkadi, la Nación Vasca, se constituye en Estado, bajo el régimen de República Democrática". Irujo hacía descender por tanto el neologismo Euzkadi de reciente cuño, del histórico de Nabarra en contra del “zazpiak bat” de Antoine Thompson d´Abbadie (Dublin 1810-París 1897), sabiendo que un Estado vasco no podía ignorar la historia de sus mayores sino engarzarse con ésta.

Sin embargo, otras declaraciones de Manuel de Irujo seguían una línea sotista o regionalista española como en este testimonio dirigido al gobierno de la República española en plena guerra tras el alzamiento del ejército español en 1936: “Yo, señor, no le pediré la independencia…si en cambio el estatuto”.

Se trataba de un estatuto o leyes de adecuación al Estado español tras la pérdida foral que debían de ser aprobadas por las Cortes españolas, no eran unas leyes asentadas en el pueblo vasco soberano, por tanto condicionadas a los mandatarios españoles y a sus intereses, revocable unilateralmente. Los Fueros, las leyes que sobrevivieron a la invasión castellano-española del reino de Nabarra, tenían una fuerte raigambre en el pueblo nabarro, el cual no dudó en alzarse repetidamente en “matxinadas” ante los constantes incumplimientos de las mismas por los reyes españoles, llegando incluso a varias guerras para defenderlos.

Siguiendo esta contradicción, Irujo fue diputado y ministro español del gobierno de la República Española sin cartera durante casi dos años aunque con responsabilidad de reinstaurar la justicia en el territorio republicano, para ser después ministro del gobierno republicano española en el exilio (1945-1947): "Soy el precio del Estatuto" declaraba.

Las resistencia ciudadana al golpe de Estado de 1936, llevó a una guerra abierta entre los fascistas españoles apoyados por el ejército y la población española partidaria de seguir con el modelo republicano (ambos igual de totalitarios, pues ambos negaron el pueblo vasco como sujeto político y la restitución del invadido reino de Nabarra, el imperialismo es especie de totalitarismo), lo que hizo que en la praxis se constituyera un verdadero Estado vasco sobre un territorio muy reducido (Bizkaia y Legutiano en Alaba) sin que mediara una intencionalidad inicial ni una estrategia concreta por parte de sus dirigentes, Estado vasco que no derivaba de la “(i)legalidad” republicana, sino del poder demostrado por el pueblo vasco para defender un territorio en manos de los gudaris vascos, sus milicias populares.

El cuarto estatalista nabarro lo explicaba así en la Revista “Punto y Hora” 1979 VI 14/21, se trata del bergarés Telésforo Monzón (Bergara 1904-Baiona 1981): “El Estatuto del 1936…yo no lo he conocido nunca. Puedo decir que he sido ministro de la Gobernación del Gobierno Vasco…y no he abierto el Estatuto (creo que justamente lo ojeé el primer día por la mañana). Ese Estatuto no se puso en la práctica jamás. Fue un auténtico fantasma. No existió tal Estatuto. Lo que ha existido es un Estado Vasco soberano. Eso sí. Eso se toca. Tiene carne, tiene espíritu, tiene alma, tiene sangre. Un Estado Vasco. Duró 9 meses…Fue un Estado independiente. Eso no me lo he inventado yo. ¿Tuvimos ejército o no tuvimos ejército? ¿De quién dependía el ejército? Dependía del Ministerio de Defensa, que era J. A. Agirre, y el Gobierno vasco ¿o dependía de Madrid? ¿Quién lo formó? ¿Quién lo hizo? ¿Y en qué artículo del Estatuto del 36 figuran esas competencias?...La moneda acuñada por nosotros mismos, los pasaportes con los que hemos viajado por todas partes del mundo, ¿en qué artículo del Estatuto está eso?”

Telésforo Monzón entendió perfectamente lo que era un Estado y el papel mojado que era un estatuto, así como la necesidad de retomar el Estado anterior de los vascos, aquél con el que fuimos libres durante 1.000 años, por ello recuperó el símbolo del “arrano beltza” que creía era la primera bandera de Nabarra y no lo que es, el sello personal de nuestro Jefe de Estado Sancho VII el Fuerte (1194-1234) que no pudo defender la Nabarra Occidental ante la superioridad militar de los castellano-españoles.

Pero entre los grandes estatalistas nabarros, contamos con la suerte de poder aprender de las enseñanzas de varios de ellos aún vivos, como Kepa Anabitarte y Jon Oria.

El sindicato ELA/STV durante la dictadura fascista española, tenía una representación en el exterior y una actividad real interior que no comulgaban, lo que le llevó a crear una ELA-Berri con Kepa Anabitarte a la cabeza, que después se llamaría ELA-Askatuta. Tras los encuentros en Baiona entre el interior y el exterior a finales de la dictadura española (éstos últimos encabezados por Manuel Robles Aranguíz, Gogorra y el miembro histórico del Pnv Uzturre), quedó de nuevo unida ELA venciendo las ideas del exterior de integración en el sistema español y la lucha por la mayor cuota de autonomismo en temas laborales, quedando fuera hasta nuestros días los patriotas irredentos de ELA-Askatatuta. Los miembros de ELA-Askatuta eran los conocidos como los “Eladios”, por ser esta la firma del presidente de ELA en la clandestinidad, el mencionado Kepa Anabitarte.

Kepa contó con una beca en París del Gobierno Vasco en el exilio donde recibió largas lecciones del Lehendakari Agirre, estando presente el mismo día de su extraño fallecimiento. El propio Kepa Anabitarte comenta en varias charlas y entrevistas concedidas en el 2010 por el 50 aniversario de la muerte del primer Lehendakari (www.osoa.net), cómo Agirre tenía claro que a él fue el pueblo vasco el que le hizo Lehendakari y no un presidente español o una República española, por eso se negó en formar parte del Gobierno español en el exilio, abriendo a su muerte una nueva fase de colaboracionismo con el poder español que niega el poder del propio, el del pueblo vasco, por lo que podemos afirmar que José Antonio Agirre fue el primer y único Lehendakari o Jefe de Estado de Euskadi, un proyecto de Estado vasco que duró realmente 9 meses, sobre un proyecto elaborado a finales del siglo XIX por Sabino Arana, después sólo quedó el nombre (incluso los ministros pasaron a llamarse, significativamente, “consejeros”, es decir, gente sin poder real que da consejos).

Desde la clandestinidad, ELA-Askatuta reclamaba desde su órgano de difusión llamado “Lan Deiak” lo que en el momento se llamó la “autonomía inmediata”; sólo la autonomía conseguida mediante el uso del poder del pueblo vasco se puede sostener pues se puede defender, la autonomía concedida y tutelada por Estados totalitarios como el español o francés no sirve para nada, pues lo que te dan te lo quitan y uno no tiene cómo defenderlo pues no está siquiera prevista esta circunstancia (entre iguales, la ruptura de un pacto es una guerra). La autonomía plena sólo podría ser por tanto la antesala de la recuperación del Estado vasco, objetivo que aunque subyacente, tendría que haber sido el propuesto por ELA-Askatuta.

Kepa Anabitarte, gipuzkoano y estatalista nabarro convencido, lo sigue teniendo muy claro desde su militancia en Orreaga Iritzi Taldea: “El problema nacional es el primer problema social y el primer problema social es el problema nacional”.

El último gran estatalista nabarro vivo que vamos a mencionar es el estellés Jon Oria Oses, quien en 1994 escribió su libro “Navarra es una colonia Española y Francesa”: “Desde la perspectiva del siglo XX y contando ya varios siglos para enjuiciar los sucesos que precipitaron el total desmantelamiento del Reino de Navarra en el siglo XVI en el momento en que empezaban a delinearse los nuevos nacionalismos en grandes bloques, resulta ridículo pretender ignorar el expansionismo colonialista de España y de Francia y su determinación por hacernos desaparecer como entidad histórica (…) Navarra quería continuar siendo Navarra y nada más”.

El 8 de diciembre del pasado año 2010, se le hizo una entrevista a este escritor en la radio “Hala Bedi Irratia” en el programa nafarzale llamado “Hordago Nabarra”, en la cual se le preguntó: “En lo referente a tu obra, hace tiempo escribiste un libro titulado Navarra es una colonia española y francesa. ¿Así de claro?”, respondió el estellés: “Así de claro. Salió de la pluma, no cambié ni punto ni coma (…) Entre los reyes católicos y Hitler yo no veo ninguna diferencia (…) Todos los Estados colonialistas como son España, Francia (…) se han emperrado en decir: o aceptas, o te aniquilamos, eso es el colonialismo” http://arielxxi.blogspot.com/2011/01/colonialismo-y-subordinacion-en-nabarra.html

Para finalizar con estos 6 grandes políticos estatalistas nabarros, una frase profética de Federico Krutwig en el mencionado libro sobre Baskonia, de la que es hija y sucesora el reino de Nabarra: “Es muy de lamentar que [no siguiéramos] esta visión que seguramente nos hubiera llevado hace tiempo a la independencia vasca (…).”

 


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